lunes, 7 de septiembre de 2009

Test Presidencial

En ocasión de la cumbre de UNSASUR celebrada en Bariloche (Argentina), los presidentes de Colombia, Brasil y Venezuela aceptan someterse a un test de inteligencia y de cultura básica.

Para comenzar, el presentador se dirige a Álvaro Uribe, toma al azar una tarjeta y procede a leerle la pregunta: "¿Quién es el colombiano más famoso en el mundo y en la historia del Siglo XX, el hombre que realmente le cambió el destino a su país?". A lo cual el mandatario colombiano responde con altivez: "¡Hombre, por Dios, mijito, eso ni se pregunta! ¿Quién será? ¡No me saque la piedra!, ¿sí? ¿Cómo se le ocurre preguntar semejante cosa tan obvia? ¡Eh, Ave María, pues! El personaje y el determinante de ese tremendo cambio fue —¡ni más ni menos!— mi paisano Pablo Escobar Gaviria, cuyo primo hermano, José Obdulio Gaviria, por cierto, ha trabajado en mi despacho. ¡Con eso le digo todo!".

"¡Muy bien, muy bien contestado, señor Presidente, pero, con todo respeto, no es para enojarse tanto!", comenta el presentador, entre diplomático y resignado.

Corresponde luego el turno al presidente Luiz Inázio Lula, de Brasil. "Por favor, saque su pregunta, Presidente", sugiere el presentador. Aquí la cuestión está relacionada con los deportes. A lo cual interroga el moderador: "¿Cuál ha sido el mejor futbolista del siglo XX?". Sin vacilaciones, Lula contesta con una sonrisa de oreja a oreja: "¡Obvio, es Edson Arantes Do Nascimento, el gran Pelé!". A ello, el maestro de ceremonias lo felicita: "¡Muy bien contestado, señor Presidente!".

En la urna del concurso queda una última tarjeta, y el presentador le dice al jefe del Estado de Venezuela: "Es la suya, señor Presidente Hugo Chávez, y tiene que ver con Historia Universal: ¿Quién fue el gran comandante general del ejército francés que combatió en la célebre batalla de Waterloo?". Por supuesto, la respuesta aguardada era: Napoleón Bonaparte.

Entonces, Chávez se rasca la cabeza, se pone nervioso y reclama entre serio y en broma: "¡No joda, vale, a mí me dejaron la más dura! ¡Nooo, así no se vale, coño! A ver, a ver..., espérame contesto...". Confundido, mira de reojo a su amigo y canciller, Nicolás Maduro, miembro de su delegación. Ante la angustia del mandatario venezolano, y tratando de no ser visto por el presentador, Maduro le hace gestos a Chávez para que mire hacia una botella de brandy Napoleón, dispuesta sobre una nevera que hay dentro del recinto.

Bañado en sudor, Chávez mira y remira la botella sin poder descifrar la clave de su asesor. En verdad, le cuesta interpretar la seña. "El gran general de la batalla de Waterloo fue..., fue...", titubea Chávez, en minutos que tardan una eternidad, "fue..., fue..., ¿qué les digo? Fue..., fueee....", y meneando la cabeza mira la botella y mira la nevera, y sigue mirando la botella y la nevera, mientras con creciente desespero se rasca y se rasca la cabeza y continúa vacilando, sin hallar nunca la respuesta adecuada, ante la impaciencia en aumento del auditorio.

De pronto, en un alarde de audacia y de inspiración divina, Hugo Chávez lanza un estrepitoso grito de júbilo bolivariano, y orgulloso y sin vacilar empieza a responder con su voz de trueno: "!Ya, ya, camaradas, ya sé! ¡No me pudieron joder! ¿Ah? ¿Se fijan? ¡Me los papié, maricas, me los cagué!". Y suelta sonora carcajada, que seguramente debió escucharse hasta en Managua y La Habana.

Atónito, el auditorio queda sumido en un mar de silencio, expectante, como petrificado. Hasta cuando con aire de triunfo, Hugo Chávez, enloquecido, pega cinco saltos consecutivos, con lo que echa al suelo gran parte la escenografía del recinto en medio de un terrible estruendo, de un corto circuito y de una nube de polvo, luego contiene la respiración y, seguro de su agudeza mental, clama a voz en cuello, mientras hace pistola con ambas manos: "¡Cónchale, vale, claro, hijueputas! ¡El gran héroe de ese mierdero —¡esto no es nada!— que fue Waterloo, resultó ser nadie menos que... ¡el General Electric!".